Volvemos al cole
En pocos días se va a producir un fenómeno cíclico que llega cada septiembre, y que aunque no lo parezca, genera impacto ambiental: la vuelta al cole.
Libros, libretas, folios, bolígrafos, lápices, carpetas, rotuladores, pinturas, plastilina, calculadoras, reglas, pegamentos... En la fabricación de todos estos materiales se produce impacto en el medio en mayor o menor medida, y es en el momento de la compra donde se puede optar por productos respetuosos con el medio ambiente. (Etiquetas ecológicas u otros distintivos de calidad ambiental, certificados ISO 14001 o EMAS...)
Lo primero es verificar que realmente sea necesario comprar materiales nuevos cada año: un buen mantenimiento y cuidado evitaría compras innecesaria. Así mismo, educar a los hijos en evitar el derroche de materiales tambén ahorraría costes (¡ambientales y económicos!).
Una buena iniciativa es la reutilización de libros, y en caso de no poder reutilizarlos y estar en buen estado, no tirarlos al contenedor de papel, sino donarlos a ONGs que los lleven a lugares donde sí serán reutilizados.
En cuanto al papel, escoger papel reciclado (fabricado 100% con fibras recuperadas del reciclaje) o papel ecológico (blanqueado sin compuestos de cloro, nocivos para el medio ambiente). Aquí se detallan más las diferencias.
En cuanto a otros materiales, por ejemplo lápices, se pueden encontrar fabricados con madera certificada FSC, que proviene de bosques sostenibles. También debe evitarse el uso de pilas, por eso es una buena práctica tener una calculadora solar. Serían muchos los consejos a dar, podemos hablar incluso del envoltorio del bocata, pero lo básico en cuanto a los materiales necesarios para la vuelta al cole (como en el resto de nuestras actividades) es que recordemos las tres R: "reducir, reciclar, reutilizar".
Y no nos olvidemos de otras actividades asociadas a la vuelta al cole, como por ejemplo el transporte. Pronto veremos esas imágenes de padres/madres llevando a los niños en coche o en 4x4 (en plena ciudad)...¿Es necesario? ¿No pasa alguna línea de metro o algún autobús que nos lleve al cole? ¿No podemos ir en bici, o incluso andando? Esto nos evitaría colapsos de tráfico, consumo innecesario de combustible y emisiones en exceso de contaminantes, y educaríamos a los hijos en hábitos tan saludables como caminar un poco cada mañana.
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